Nov
06

Alterar la estructura de un edificio cuyo estado no ha sido estudiado pormenorizadamente, supone un riesgo que nunca se debería asumir. Sin embargo, en ocasiones parece que no hay mucha conciencia sobre los riesgos que puede implicar la modificación de la estructura de un edificio. Especialmente en edificios de cierta antigüedad, ya debilitados por los años.

En el pasado, quizá por desconocimiento general o por la escasa vigilancia existente respecto a éste tipo de actuaciones, se practicaron intervenciones en la estructura de muchos edificios, y hoy en día muchos propietarios desconocen que se realizaron en las viviendas de sus vecinos, e incluso en las suyas propias.

Pero ¿cuál es el procedimiento adecuado para intervenir estructuralmente en un edificio de forma segura?

Para comenzar, y ante la inmensidad de información técnica y administrativa existente sobre estas cuestiones, para no desistir el primer día, lo más recomendable es contratar los servicios de un arquitecto competente y conocedor de los requerimientos que garanticen actuaciones sin riesgos.

Antes de comenzar la obra hay que conseguir la licencia en el ayuntamiento correspondiente. Los tramites a realizar y la documentación a presentar varían en función de cada municipio.

Para solicitar una licencia, en éste caso de obra mayor, hay que presentar un proyecto visado. La futura obra deberá contar con una dirección facultativa que supervise el desarrollo de los trabajos.

Otro punto importante y en ocasiones disuasorio es que, para manipular elementos que pueden alterar la seguridad del edificio, como su estructura, el promotor o propietario debe solicitar permiso a la Comunidad de Propietarios. Esto puede ser, en algunos casos, una fuente de conflicto.

Con frecuencia, otro de los escollos al solicitar este tipo de licencias es la lentitud de algunos ayuntamientos a la hora de resolver los expedientes.

Igualmente, este tipo de obras suelen ir gravadas con impuestos sobre la construcción, así como con otras tasas urbanísticas. Las tasas son diferentes en cada ayuntamiento y dependen de las circunstancias concretas de la obra. Variarán en función de las necesidades de instalación de andamios, contenedores, categoría de la calle en la que se ubique la obra u otros factores.

En definitiva, teniendo en cuenta todos estos datos y la dificultad para acometer este tipo de obras, si no es totalmente imprescindible, muchas veces merece la pena buscar alternativas de distribución de estancias para facilitar los trámites y poder comenzar la obra.

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